jueves, 2 de abril de 2026

Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, 2 de abril

 Como siempre, traemos de OEPLI la entradilla:

Cada año, el 2 de abril — aniversario del nacimiento de Hans Christian Andersen — IBBY celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, con el objetivo de inspirar el amor por la lectura y llamar la atención sobre los libros para niños y jóvenes.

Esta celebración fue instituida en 1967 por iniciativa de Jella Lepman, fundadora de IBBY. Cada año una sección nacional diferente es la encargada de elaborar el mensaje y el cartel que se difunden a nivel mundial.

En 2026, la sección encargada es la de Chipre, que ha preparado un mensaje centrado en el poder de la imaginación y la lectura como puente entre culturas.


¡Cultiva historias y el mundo florecerá!

Érase una vez un niño que anhelaba vivir mejor que los héroes de los cuentos de

hadas, que sólo vivían felices para siempre.

El niño crecía e iba cambiando. Leía y se convertía en Don Quijote, luchando contra

molinos de viento, en Alicia, dando vida a las maravillas, en Robin Hood, salvando los

bosques, o en un lobo, reuniendo manadas que cantaban a la luna.

Pasaron los años, pero el mundo permaneció intacto ante los cambios que soñó una vez.

A pesar de todo, el niño logró construir en el jardín del patio, un mundo

completamente nuevo, lleno de todo lo que amaba.

Pasaron más años.

Y mientras los libros le susurraban sabiduría al alma, el niño supo qué debía hacer.

Cuando llegó el otoño, se labró la tierra y se plantaron las semillas.

Llegó el invierno.

El niño esperó pacientemente a que la blanca cubierta se derritiera, alimentado

por la compañía de los libros.

Entonces llegó la primavera. Tiernas hojas aparecieron en los tallos.

Los troncos engordaron, las ramas se estiraron y brotaron los primeros capullos.

El alma del niño floreció, llena de colores y aromas.

¿Y el verano?

Era el tiempo de los barcos, veleros, globos aerostáticos, bicicletas... ¡la época de viajar

lejos y a lo ancho del mundo!

Ahora el niño lo sabía, sin ninguna duda:

Esta era la manera de cambiar el mundo: convirtiéndose en un agricultor.

Un agricultor de historias mágicas, sembrando palabras, cultivando imágenes,

cosechando maravillas, regando la imaginación.

Y así, las historias comenzaron a crecer y a extenderse.

¿Entonces?

El niño podaba con amor, regalando ramos a los transeúntes: ramos de paz, esperanza,

fuerza y fe en lo imposible.

Ramos de pequeños milagros, para cada uno de ellos.

Cada primavera, el segundo día de abril, las historias que el niño había sembrado

iluminaban el mundo con su florecer.

Ah, y a través de los talleres de jardinería, la sabiduría de la cosecha se transmitía a

jóvenes y mayores por igual.

Y el jardín del niño se convirtió en el Jardín de la Esperanza, su patio, el Patio de las

Maravillas, mientras el mago se mantenía firme, desenrollando los hilos rojos de las

narraciones en la brisa.

Elena Perikleous


Cartel de Sandra Eleftheriou



(Picar en los recuadros para hacer crecer la imagen y leerlo mejor)






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