jueves, 29 de junio de 2023

El banquete de los monstruos (R)



Con Sherezade se inician las historias en las que un poderoso piensa acabar con la vida de alguien muy vulnerable (en principio) y este va ganando tiempo con ingenio para atrasar el previsible fatídico desenlace, hasta el punto de conseguir desmontarlo. 

Cuando se trata de comerse a la víctima, tenemos bastantes antecedentes. Ese distraer a la bruja con el hueso de pollo para que noche a noche creyera que Hansel sigue muy delgado, o esas recetas a base de ciruelas (e historias asociadas) de Crispín para el Ogro de Cornualles, o esas excusas del propio lobo para no comerse a la ovejita…



En “El banquete de los monstruos”, Emma Yarlett nos propone una historia donde el pequeño niño cazado por el monstruo ha de tirar de mucho ingenio para darle la vuelta a cada intento de guiso y seguir vivo un día más, metiendo al depredador en un viaje personal que lo cambia en todos los sentidos. Cierto es que su aspecto esponjoso y rosado no lo hace muy terrible, por lo que creerse que de ese primer momento en el que quiere comerse al niño a pasar a esa amistad cariñosa y cómplice va a ser muy bien recibido por los lectores.




Además, el libro tiene algunos extras muy atractivos. Por un lado, como ya hiciera en otros títulos (“Una carta para Papá Noel” que comentamos aquí), la autora incluye las cartas de respuesta a la invitación a la cena (que Monstruo hace a otros monstruos) en forma de solapas desplegables donde leer las sugerencias y gustos de cada futuro comensal. Por otro lado, el juego de tipografías para la narración general, reforzando ideas con el uso exclusivo de mayúsculas, y para las misivas que van variando según el personaje que responde, ¡incluso una con divertidas faltas de ortografía!



Y un pequeño remate contrastando la segunda de cubierta con recetas monstruosas (asquerosas e imposibles) con la tercera de cubiertas, donde las recetas son las que han preparado para la cena, ricas y apetitosas (y posibles, claro).



La autora 







martes, 27 de junio de 2023

Tortuga vs. Liebre. La revancha. (R)





Pienso que para entender y disfrutar de la versión de una obra es indispensable conocer la original: la Caperucita de Dahl no cobra todo su valor si previamente no se ha oído la de Perrault, por ejemplo. Para esta revancha que le pide la liebre a la tortuga es imprescindible saber cómo esta última le ganó y por qué. En seis ilustraciones a página doble y dos sencillas, David Pintor nos cuenta la fábula original para dar paso a esta segunda parte que se promete complicada para la tortuga ya que, en la misma ilustración de la cubierta, se nos dice que la liebre no está dispuesta a dejarse ganar. 



Sin embargo, hasta 5 veces más la tortuga le saca ventaja y no es para darle propaganda a los valores de tesón y constancia (casi lo mismo, casi), sino para aplaudir y hacernos reír con el ingenio. Sobre todo, la solución final que es de lo más… sin adelantar nada que chafe la sorpresa. Como siempre, habrá quien se ponga a favor de la liebre y diga que la tortuga es tramposa. Sin embargo, como pasa en “El gato con botas”, hay un planteamiento compensatorio por el que la tortuga gana porque “más vale maña que fuerza”, desmontando así la arrogancia leporina, la bravuconería del fuerte, el creerse por encima de los demás o, en el otro sentido, el superar las desventajas con las que se pueda nacer.



Los textos se reducen a cortos diálogos entre las protagonistas, y alguna reflexión “en voz alta” de la liebre. Muy sencillos por lo que son estupendos para quienes empiezan a leer, además de para leerlos a los más pequeños sacando dos voces.



Además, los comentarios de la tortuga aparecen en bocadillos y la narración visual es en planos secuencia que dan mucho dinamismo, movimiento, y junto con el vivo colorido se consigue una atmósfera casi de cómic, de historieta muy divertida y bien contada. Todo ello aumentado con la gran expresividad y gestualidad que asigna a la liebre frente a la pasividad y quietud de la tortuga, lo que hace que ambos rivales estén muy definidos.



A tener en cuenta las guardas de entrada presentando a esa liebre fanfarroneando y esas guardas de salida, con la meta vacía casi diciéndonos que no era importante el llegar sino el viaje. El del gran ingenio de la tortuga.



Liebre y Tortuga o liebre y tortuga

En la cubierta aparecen ambos nombres en mayúsculas, sin artículo: son dos personajes concretos que nunca tuvieron un nombre propio y por eso el de su especie ha de identificarles. Pero en el interior, solo aparece cuando la liebre hace referencia a su oponente y habla de “la tortuga”. Estoy muy a favor de esta manera de plantearlo, no soy partidario de eso de “Entonces Burro le dijo a Erizo…”. Si el burro habla y el erizo le entiende, bien le podrían poner nombres o decir que “entonces el burro le dijo al erizo”. Solo en un caso como el de este libro se puede dar esa licencia porque Liebre representaría la velocidad de esta especie animal y Tortuga la lentitud de la otra. 



El autor  



He aquí una pequeña semblanza que podemos ampliar entrando en su página web, aunque como en tantísimas ocasiones, no está muy actualizada y sus trabajos siguen aumentando… afortunadamente.


martes, 20 de junio de 2023

Érase una forma (R)



De pequeño, jugaba con una baraja de carta. Cada naipe era un personaje (no solo las figuras) y con ellos montaba una historia. Pareciera que a Marie-Laure Cruschi le hubiera dado por hacer lo mismo con las piezas del tangram.

La cosa es que tras sumergirse en todas las vertientes del color: su valor simbólico, social, afectivo, evocador, psicológico… y completar con ello el libro “Colorama”, 


 

la diseñadora francesa asume un nuevo reto investigando a partir de las formas geométricas. Pero esta vez no con un análisis una a una, sino incorporándolas en una historia para encontrar sus posibilidades según la composición, según un papel a desarrollar, según sus relaciones… Así nace “Érase una forma”.



Y un cuento de corte tradicional puede contener todas las claves para ese fin: distintos arquetipos, distintas funciones, distintas tareas, personaje mágico, las prohibiciones y las hazañas… Por eso nada mejor que comenzar por “Érase”, esa fórmula de inicio que nos habla de un lugar y un tiempo al menos lejanos, por lo que pudo haber pasado cualquier cosa o, en otras palabras, un mundo donde todo es posible. Y he aquí que no se trata de una vez sino de una forma, de muchas formas, de formas geométricas rígidas, simétricas, regulares (y reguladas), que aparecen sola o que se combinan para más de lo mismo, tanto como para formar el paisaje, el castillo, las estancias… hasta que aparece el primer personaje disidente (en este caso mágico), aunque no sepamos si se trata de una bruja o un hada, o tal vez las dos cosas. 




La historia funciona y es sobre todo por acogerse a esa estructura que viene de la tradición oral más antigua, pero también porque es un sabroso plato con más ingredientes. Como tal narración, está salpimentada con mucho humor, muchos gags, muchos guiños al lector que no podrá guardar la sonrisa hasta que acabe. Además, hay un aderezo importante y es una rima continuada y fresca insertada en la prosa, que le da un toque poético y una musicalidad muy agradable a cualquier paladar, sobre todo si leemos en voz alta. 



El preparado coge su textura con una tipografía que “cumple con las formas”, en sus vertientes de variante de cuerpo normal a grande a enorme, de estándar a cursiva a negrita, cuando hace falta todo en mayúsculas, y si el significante tiene que temblar por lo que dice el significante pues también. Y si hace falta que sea blanco sobre negro para subrayar la solemnidad de lo que se dice… ¡hecho! 



Además de jugar con el renglón corto, el mediano y el largo a todo el ancho, según lo exija la composición. Porque la composición lo es todo en el aspecto formal de este libro: dónde, cómo, con qué tamaño, junto a qué, por qué así o “asao”, este con este y con el otro, en pequeños cuadros, a toda página, blanco y negro, qué colores, a todo color… que no se olvide que hasta la tipografía y ubicación de la paginación están más que pensadas.



Y volvemos a la historia. Hay quien dice que es un cuento clásico buscando lectores modernos; yo creo que es un cuento moderno (porque no se puede separar de la imagen general que lo genera) que va a encontrarse con todo tipo de lectores: a unos le sorprenderá y atrapará el mensaje de rebeldía, a otros el humor, alguno habrá que disfrute con el aspecto geométrico, quienes encontrarán simbolismos arcanos y quienes gozarán con el minimalismo de la mayoría de las páginas. Es tanto lo que ofrece este libro que no hay público ni edad exclusiva a la que ofrecer. Incluso objeto de una exposición para observar sus elementos desde otra perspectiva.



Y podríamos seguir hablando tanto y tanto de este libro: esa secuencia del embarazo de la reina en siete viñetas; ese esconder a los hijos del sacrificio pensado por el padre, que nos lleva a la mitología; esa divertidísima expresión de “¡Era equilátera, la hija ideal!”; esa doble lectura según la perspectiva, de una misma realidad (págs. 12 y 20); esos homenajes a los cuentos clásicos… Ni contaros las veces que lo he releído 



La autora, el coautor y la scout que llevó el libro a Barret


 



Algunos premios


La crítica dice:


En la página enlace de Piu Martínez se pueden encontrar muchas más opiniones, además de la valoración de la propia scout.



viernes, 16 de junio de 2023

Calle Babel, nº 10 (R+ actividades)



El libro se puede considerar como un libro de recetas, como un álbum ilustrado con su historia, o las dos cosas. En cualquier caso, y aunque optemos por la tercera opción que es la que pretende la autora, las partes del libro están muy diferenciadas incluso estructuralmente: la página de la izquierda de cada dos está dedicada a quiénes participan en la elaboración de la comida y la página de la derecha es la receta pura y dura.



La historia es la de los vecinos de un edificio preparando cada cual una comida en su casa. Dado que proceden de países y culturas bien distintos, la imagen que se ve de cada piso tiene elementos decorativos muy variados y el plato a elaborar es igualmente particular. Una vez que todas y todos han terminado en la cocina, se les ve aparecer en los descansillos y bajar las escaleras para degustar la comida en el jardín, en un gran grupo alrededor de una mesa común en un acto ecuménico, solidario, generoso, intercultural… y todos esos adjetivos que se pueden asociar a este tipo de actuaciones.



En este libro pasa como en muchos otros, sobre todo informativos, en los que un aspecto del libro es disfrutable para los pequeños a los que se dirige y el otro le queda muy grande. La historia puede satisfacerles, pero las recetas raramente llamarán bien su atención al desconocer tantos ingredientes, por mucho que los dibujos los representen, y es que sin tener referentes anteriores previos no pueden visualizar, oler, saborear… lo que la receta les promete.



Hay que considerar que el estilo un tanto naif de la autora no consigue el nivel de iconicidad que requerirían los ingredientes menos conocidos por los pequeños y que a veces sus dibujos son algo confusos: chalotas, orégano, jengibre… 



Las instrucciones de las recetas, están dirigidas a quien lee (“precalienta el horno”, “presiona”, “mezcla todo” …) lo que da que pensar a lectores y lectoras que podrían hacer esa comida. Ciertamente se han elegido recetas no muy complejas, aunque inaccesibles a niños y niñas a quienes se supone que van dirigidas, ya que necesitarían usar cuchillos, batidora, horno y cocina.



Respecto a las historias de los personajes, en las ilustraciones hay algunas pistas, además de sus nombres y los del plato a cocinar, que nos pueden dar idea de la procedencia de cada cual. Porque sería lo más interesante: mostrar la diversidad de orígenes y elucubrar por qué y cómo han llegado allí.  Ciertamente lo que podría ser el aliciente del libro en su aspecto narrativo, empieza con cierta coherencia en datos y ubicaciones de personajes, pero llega un momento en el que no se sigue la mínima lógica y se nos ofrece la posibilidad de dos niñas que viven solas o niños que hacen albóndigas de espaldas a su ¿padre?



Como creo que aquí es donde puede “dar juego” el libro, tanto en casa como en la clase o en un taller, vamos a hablar de esas pistas y reflexiones que se podrían hacer, ya que está en el sello IDEAKA de Edelvives que tiende a hacer pensar con sus publicaciones. Las pistas las buscaremos en la ilustración de la izquierda y en la receta.





Me salto el piso de Josef y Rafik porque, como veremos luego, pretende ser una ONU en sí mismo: padre pelirrojo, niña rubia, niño caucasiano moreno y niño negro… ¿piso de acogida?, ¿refugiados? Las albóndigas de pavo son muy de Ikea y nos podría hacer pensar en Suecia, pero el queso feta… y el cuadro del sol… Además, hay un cartel con unas montañas heladas y que pone Atlas, lo que nos podría hacer pensar en todo el mundo o, si fuera la cordillera de ese nombre en Marruecos y Argelia, aunque personajes y decoración no concuerdan.



La otra actividad que podría dar potencial a este libro es hacer investigaciones a partir de lo que se cuenta y lo que se ve. He aquí una serie de preguntas que pueden repartirse por parejas y luego hacer una puesta común mirando la página de la que se esté hablando en la pizarra digital.



La autora su web y su blog



¿Por qué calle Babel?

Los títulos de los libros no suelen venir de quien traduce sino una decisión editorial. La traductora se ha permitido adaptaciones en los nombres de algunos personajes, pero lo de Babel supongo que hay que achacárselo a Edelvives. En cualquier caso, no ha sido ningún acierto. Los jóvenes lectores tendrán pocas referencias a la palabra Babel, y si han leído algo o le han contado algo al respecto, será asociado a ambición humana, caos e incomunicación entre las personas. Lo opuesto a este libro.

¿Por qué no algo parecido a los títulos que han puesto en otros idiomas? 

Au 10, Rue des Jardins: El 10 de la Calle del Jardín (título original).

Lunch at 10 Pomegranate Street: Almuerzo en el 10 de la Galle Granada.

What's Cooking at 10 Garden Street?: ¿Qué se cuece en el 10 de la calle Jardín?

Y así en coreano, griego, polaco, ruso, alemán e incluso en chino.




domingo, 11 de junio de 2023

Uno, dos, tres, Navidad es (R)


¿Un libro de Navidad en junio? 

No, no me he equivocado de fecha, porque un buen libro es para leerlo en cualquier momento y, en este caso, a cualquier hora. Porque está bien reírse por la mañana, por la tarde y por la noche, tanto en invierno como en verano.

Y es que el grupo de libros al que pertenece este título son libros con mucho humor: humor por la construcción y humor por la ilustración. 



Aunque si hablamos de construcción tendremos que decir que son poemas con estrofas que se van encadenando. A ver si lo vemos fijándonos en una de estas páginas dobles:



¿Qué ocurre con estos versos tan cortos, esta rima consonante de los dos últimos y este volver a empezar con otra estrofa del mismo tipo? Ocurre que la lectura del texto se carga de musicalidad, de ritmo palpable y el absurdo de cómo surgen las estrofas, por la rima del tercer verso con el cuarto (que nos puede llevar de un reno a un ganso o de un ganso a ¡un abeto!) lo llenan de un humor ingenuo pero inteligente, ya que agrupa a los elementos que presenta bajo un contenido común pero no sujeto a nada más: animales de todo tipo, divertidos monstruos o, en este caso, personajes más o menos navideños según de la zona de la que los rescata.



Esta variedad en la selección da más perspectiva al libro y con ello al lector y lectora: el abeto, el muñeco de nieve… pero también el burro y el hada, hasta llegar a la veintena de personajes. Personajes que, por otra parte, no se ajustan a los dibujos “bonitos”, proporcionados, de formas perfectas y ropas (o pelaje) de diseño, sino que, pintados con contorno negro grueso, tienen ese toque extravagante, son generalmente cabezones y de ojos redondos, pero con mirada expresiva (ayudan las bocas, claro). Todo ello hace de estos libros lo más parecido a un juguete.



Hay que tener estos libros si no en casa, en las clases de Infantil y de 1º de Primaria porque van a ser un aliciente importante para el aprendizaje lector al asociar palabra(s) a un dibujo muy particular pero muy figurativo, pero no a modo de diccionario visual sino dentro de ese contexto divertido, de historias sugeridas, de musicalidad, de trabajo bien hecho.



Un texto originalmente en alemán y que tiene un enorme valor en el juego de palabras, las rimas y el ajuste texto-imagen, solo puede mantener su calidad y valía (que le ha merecido algún que otro premio) si la traducción es acertada. Digamos que a Xosé Ballesteros le ha quedado impecable, para eso es escritor y folklorista de cuentos.



La autora    




La ballena. Colección La Lámpara Maravillosa (R)

 


Es cuestión de darle a un término su significado más directo, el primero que visualizas. Así una lámpara, si no está colgada, es aquella que sobre la mesilla de noche se ilumina para tener luz en la habitación antes de dormirnos. Lo que pasa es que, en esta ocasión, el término de “lámpara maravillosa” ya está cargado de contenido (aunque creo que no para los y las peques). Pues con las mismas, Pepe Maestro propone que la lámpara moderna se cargue de toda esa magia que cabe en la imaginación y que lleve a la protagonista y a los oyentes y lectores a viajes fantásticos, divertidos, entrañables y/o comprometidos.




En esta primera aventura (primera porque explica la construcción de la lámpara) la niña elige el dibujo de la ballena entre todos los que ve y que la invitan a viajar con ellos. Y nada más pensar en ella ya sabe su nombre (Jacinta) y se sube encima para irse al mar. 



La ballena no solo habla, sino que en el orificio de su lomo Liria encontrará varias cosas que necesita. Porque el viaje no era un crucero de recreo sino una aventura para salvar a una tortuga moribunda a causa de la contaminación por plásticos en el mar.



Como “cuento de buenas noches”, esos de leérselos ya en la cama para recibir el sueño, la historia de Liria termina regresando a su habitación y quedándose dormida.


Y es esta la secuencia que está pensada en la historia, no la de que la niña se queda dormida y sueña su aventura, entonces se acabaría la magia. Es la niña quien elige el dibujo y crea su aventura, tan fantástica como la cuenta y tan real como queramos creérnosla. 



El texto está construido pensando en esos pequeños y esas pequeñas a quienes va dirigida la historia: con oraciones simples, claras, vocabulario sencillo y sin descripciones innecesarias, diálogos frecuentes y narrado en primera persona haciendo toda la historia más cercana.

La presentación formal del texto pierde la oportunidad de ofrecer un sintagma por renglón, lo que habría sido fácil dado lo cortas que son las oraciones además de ser gramaticalmente simples. Y al ser las ilustraciones todas a sangre en ambas páginas, el texto aparece sobre el color de fondo que, en este caso, puede ser sobre el amarillo de la luz de la linterna (contrastando muy bien) o sobre el azul del mar, resultando entonces con algo menos del contraste deseado. La ilustradora aclara zonas para facilitar la lectura, pero no siempre el texto se ajusta y queda negro sobre “azul marino”.





Hablando de la ilustración, es una nueva colaboración entre Pepe Maestro y Claudia Ranucci, y parece que se entienden más que bien. Los dibujos facilitan la comprensión de alguna idea que pudiera ser difícil de visualizar para niños y niñas (una isla formada por plásticos, surtidor, fosa…), además de dar mucho espacio a la historia, hacerla bien grande aunque el formato del libro sea pequeño. Y, por supuesto, esas formas redondeadas, orgánicas, amables que se van a hacer entrañables nada más empezar a mirarlas y que van a afianzar la relación afectiva que se establece entre historia y lector/oyente. 



Pepe Maestro ha encontrado una bonita, productiva y acertada lámpara maravillosa. Claudia Rannunci apuesta entre el detalle y lo imprescindible y juega con la luz y con las sombras para un acabado digno de un álbum (de calidad, claro) de gran formato.