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jueves, 12 de agosto de 2021

Una carta para Papá Noel (R)

De Emma Yarlett, texto e ilustraciones. Álbum con solapas. Editorial Edelvives. Zaragoza, 2020.


Si el libro habla de Papá Noel, parece que es propio de la Navidad y nada más. Pero este es ingenioso, divertido y viene acompañado de cinco solapas que se corresponden a otras tantas cartas o paquetes que se envían unos personajes a otros.



¿Y quiénes son esos personajes?

Pues quitando a la niña, Vera, que lo inicia todo con su carta a Papá Noel, los demás van a conformar el “grupo mitológico de la Navidad”: junto a Papá Noel, está Elfina la jefa elfa y sus elfos, donde destaca Trastín; el señor Oso Polar; y el Reno Jefe, junto con los demás renos (cada uno con su nombre).



Cada cual responde a la petición de P. N. de intentar enviar algo para Vera (en busca del juguete que no pudo descifrar por las quemaduras del papel), aportaciones que irán apareciendo bajo cada una de las solapas. Con todo ello la niña sabrá sacar partido resultando todo genial, aunque al final… Divertida solución que volverá a complicarse porque la siguiente petición también viene incompleta.



Dibujos geniales; composición y montaje geniales; un poquito de angustia en el cuento por la falta de tiempo que le queda a Papá Noel para conseguir el regalo, pero que hará que todo resulte más explosivo y divertido al final; y unos colores genialmente vivos para un libro con vida durante todo el año.


sábado, 14 de agosto de 2021

Últimas reseñas

 El problema de poner muchas reseñas seguidas es que cuando se entra en el blog se ven un par de ellas y se puede pensar que el resto es antiguo. Como he hecho un montón de entradas en poco tiempo y son libros MUY aconsejables, los traigo aquí para poder echarles un ojo según interesen:

Álbumes:


           ¡Solo es uno!                              ¡Vivan las uñas de colores!       Editorial Lata de Sal (4 álbumes)

       

Una carta para Papá Noel                                       Marrón


Juveniles:
Biografía de un     Ok, señor Foster    Huellas de carbón      La Troupe               Wendy ataca 


Varios:


      Jack Wolfgang                                  Cosas nuestras                               Las cosas de Lota



domingo, 24 de diciembre de 2017

Anónimos navideños

Seguimos con el reconocimiento de dibujantes anónimos con ilustraciones relacionadas con las fechas en que estamos. Como los casos que hemos visto en otras entradas, son trabajos que a veces terminaban haciéndose muy famosos, que contemplaban apuestas muy atrevidas de interpretaciones de una supuesta realidad que terminaban haciéndose "verdad gráfica".


San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel, como queramos llamarle, era anciano, de barba blanca, vestido de verde y con un saco para los regalos (¡un saco con el que pudiese cargar y que debería llevar los regalos de todo el mundo!), además de una gran identificación con todo lo natural.

Pero solo hacía falta una potente firma para que esa imagen cambiara: se hace muy gordo y se viste de rojo, pero sigue con el saco, aunque se aleja un poco de la Naturaleza y se acerca más al consumismo.

Arrastrando a las imágenes menos comerciales que querían mantener el aspecto mágico del personaje.


Igual pasaba con las imágenes sobre Belén y el nacimiento: cueva, pesebre, casita,... Las edades de los personajes: un recién nacido rollizos con un año cumplido, medio desnudo en diciembre, el San José Muy mayor, ella muy joven, túnicas muy limpias y caras en la pobreza que arrastraban...


Algunos muy atrevidos inventaban añadidos como esos angelitos que eran cabezas con alas solamente, o los que eran unos pillos y aparecían como por un portal interdimensional y le gastaban bromas al corderito que se suponía todo un símbolo sagrado, y terminaba siendo una oveja burlada.


Todo esto aparecía en lo que se llamaron por aquí crismas, que venía de aquella palabra "christmas" y que ha terminado incorporada en nuestro diccionario como tarjeta de Navidad. Pero, como siempre, la ilustración se movía por otros soportes y con otros objetivos. Por ejemplo, con los cromos para jugar:


O aquellas tarjetitas (aún hay quienes las usa pero sin el atractivo de las antiguas) para pedir el aguinaldo felicitando "las pascuas de Navidad":


Estas tarjetas nos dan mucha información con los monumentos que aparecen por detrás, las comidas con que se acompañan,... pero sobre todo el que el panadero subía el pan a las casas, el uniforme del pintor o que las farolas se encendían una a una al llegar la tarde:

En muchos casos el diseño era una orla con unos motivos constantes alrededor y unos espacios en los que variaban el rótulo de la profesión y el profesional. Nos quedaba muy claro los trabajos propiamente masculinos y los femeninos.


En otros casos el diseño era particular y completaba más aspectos de la profesión:

Estas ilustraciones también llegaron a los carteles, claro.


y como siempre sin firmarlos. Esperamos que al menos cobrasen los trabajos al entregarlos:

Hasta que llegaron los "listos" y dijeron: esto lo firmo sí o sí. Y hoy podemos conocer a sus autores de un vistazo, ¿verdad Ferrándiz?











jueves, 29 de junio de 2023

El banquete de los monstruos (R)



Con Sherezade se inician las historias en las que un poderoso piensa acabar con la vida de alguien muy vulnerable (en principio) y este va ganando tiempo con ingenio para atrasar el previsible fatídico desenlace, hasta el punto de conseguir desmontarlo. 

Cuando se trata de comerse a la víctima, tenemos bastantes antecedentes. Ese distraer a la bruja con el hueso de pollo para que noche a noche creyera que Hansel sigue muy delgado, o esas recetas a base de ciruelas (e historias asociadas) de Crispín para el Ogro de Cornualles, o esas excusas del propio lobo para no comerse a la ovejita…



En “El banquete de los monstruos”, Emma Yarlett nos propone una historia donde el pequeño niño cazado por el monstruo ha de tirar de mucho ingenio para darle la vuelta a cada intento de guiso y seguir vivo un día más, metiendo al depredador en un viaje personal que lo cambia en todos los sentidos. Cierto es que su aspecto esponjoso y rosado no lo hace muy terrible, por lo que creerse que de ese primer momento en el que quiere comerse al niño a pasar a esa amistad cariñosa y cómplice va a ser muy bien recibido por los lectores.




Además, el libro tiene algunos extras muy atractivos. Por un lado, como ya hiciera en otros títulos (“Una carta para Papá Noel” que comentamos aquí), la autora incluye las cartas de respuesta a la invitación a la cena (que Monstruo hace a otros monstruos) en forma de solapas desplegables donde leer las sugerencias y gustos de cada futuro comensal. Por otro lado, el juego de tipografías para la narración general, reforzando ideas con el uso exclusivo de mayúsculas, y para las misivas que van variando según el personaje que responde, ¡incluso una con divertidas faltas de ortografía!



Y un pequeño remate contrastando la segunda de cubierta con recetas monstruosas (asquerosas e imposibles) con la tercera de cubiertas, donde las recetas son las que han preparado para la cena, ricas y apetitosas (y posibles, claro).



La autora