martes, 3 de noviembre de 2020

Rodari 5: ensalada de técnicas

    Llegamos al final de estas entregas en homenaje a los cien años de Gianni Rodari y el reconocimiento a su labor que, de una forma “introductoria” (como dice en el subtítulo), él nos regaló en la “Gramática de la Fantasía” y que ha vuelto a editar y publicar Kalandraka en España.




       Por eso vamos a recordar que poniendo Rodari en el buscador del blog, podremos acceder a las entradas anteriores con sus respectivos datos biográficos, los libros comentados, las técnicas explicadas y algunos cuentos (de los que soy culpable) como “aplicación”.

     Hoy, como remate, no tendremos cuento pero sí vamos a triplicar las técnicas explicadas. Vamos ya pues con el remate en los datos biográficos:

                                        

    Y ahora las técnicas.

                                        

Ensalada de cuentos

  Aquí Rodari nos propone que el binomio fantástico lo compongan dos nombres propios conocidos, para formar una nueva historia donde cada uno aporta la suya personal como base para crear la nueva. Así podemos pensar que Pinocho visita a los enanitos de Blancanieves, que Hansel y Gretel  se encuentran perdidos en el bosque con el inteligente Pulgarcito.

Por supuesto que podríamos pensar, en plan moderno, que Doramon aparece en un concurso de inventos con el Genio de Aladín.

                                        

En este capítulo, Rodari cuenta una anécdota con la que justifica que no utiliza palabras rebuscadas. Tal vez alguien pensó que su lenguaje no era muy exquisito,  sin embargo el autor pretende y consigue un ensayo de mucho nivel al alcance de cualquiera.

    Una de las ensaladas más grandes es la que nos ofrece Chris Ridell con “Érase una vez un bosque mágico”. Magnífico.


                                                

Confundiendo historias

Con esta historia, Rodari cuenta cómo los docentes que la aplicaban intentaban descubrir la reacción de su alumnado al introducir un elemento distorsionante en un cuento tradicional. Cita el caso de cuando pedían escribir una historia con niña, bosque, flores, abuela, lobo y… ¡helicóptero! 

El cuento que aparezca aquí podrá llevar una línea parecida al tradicional pero en algún momento saltará por los aires para darnos una sorpresa.

Roald Dahl hace un libro de lujo (como casi siempre para chicos y mayores) con su “Historias en verso para niños perversos”.

                                                

El propio Rodari tiene este “ejercicio” puesto en libro en el álbum que nos trajo Kalandraka, con el mismo nombre que la técnica, “Confundiendo historias”, revisando el cuento de Caperucita.

                                             

Usando cuentos populares

En el fondo, las dos técnicas anteriores vienen a recoger lo que Rodari propone con el uso de los cuentos populares, a los que dedica muchos comentarios interesantes a través de los capítulos en que “los utiliza”.

Básicamente consiste en incluirle variantes que nos muestren otra cara de los personajes, una actualización de la propia historia o una versión humorística que, siempre, ha de apoyarse en el conocimiento previo del cuento sobre el que se “trabaja”.

Aquí, los viajes de Las Tres Mellizas (de Mercè Company con las ilustraciones de Roser Capdevila) al mundo de los cuentos es un buen ejemplo (lástima que mucho material está descatalogado) como muestra esta publicación de Beascoa.

                                                    

    Podríamos incluir también las revisiones que el propio autor italiano hace del personaje de Alicia, que si se había caído por el hueco de un tronco, podría volver a caerse en otros lugares, y si además es muy pequeña…

                                    

    Aquí la tenemos con distintas traducciones, en distintas editoriales y con distintas ilustraciones: por Elena Temporin, en Picarona; por Montse Ginesta, en Anaya; y por Ana Laura Cantone, en Lumen.

El análisis fantástico de un personaje

Rodari hace un estudio de un personaje famoso italiano, la Befana. Nos va mostrando cómo fabular a partir de detalles sobre el personaje y las respuestas que podemos dar a preguntas que nos sugiera. 

Con este ejercicio, nuestro maestro llega a pensar en un personaje con unas características muy especiales y, a partir de ellas, construir la historia. Que si el personaje es de goma y entonces… y si fuera de piedra pues…

Así surgieron “Tonino el invisible” que con ilustraciones de Alessandro Sanna publicó Libros del zorro rojo, y  “Juan de cristal”, que con ilustraciones de Juan Aramburu publicó SM. Este último es un libro donde Rodari se “moja” a base de bien.


                                    

Y hasta aquí nuestro homenaje a Gianni Rodari. Insistir en la lectura obligada de su gramática y en disfrutar con sus historias.


lunes, 2 de noviembre de 2020

Rodari 4: El error creativo

Cuarta entrega. Recordemos que hemos hecho una presentación, vimos “la piedra en el estanque” y luego "el binomio fantástico". Después fue "Qué pasaría si..." y ahora tenemos ya un nuevo apunte biográfico



y una nueva técnica:

Cuántas veces nos hemos reído porque con un error hemos dado lugar a otra interpretación, o con chistes con juegos de palabras por cambiar una letra. Rodari cita aquí la opinión de un estudioso de cultura popular que dice que el zapatito de cristal de Cenicienta debió ser de piel (vaire) pero se tradujo por cristal (verre), con lo que ganó una aportación fantástica mucho más sugerente.


        Así una galeta podía ser una galleta de Gales muy especial que te hace engordar y adelgazar, por darle una variante a la de Alicia.

Si nos dicen que alguien vivía en Fusia (que no llega a ser fucsia, en vez de Rusia) nos acabamos de inventar un país de un color rosa al que le faltaba la vitamina C. Dónde estaba, cuál era su fauna, los resfriados en invierno y la necesidad de muchas naranjas para compensar la falta de vitamina anticatarros.

Para tanto da “el error creativo” que Rodari ya había escrito un libro, “El libro de los errores”, donde aparece el profesor Gramáticus y los golfillos Marco y Mirko. Montones de cuentos y poemas nos dan ejemplo de cómo cultivar un huerto fantástico con semillas equivocadas. Ha sido nuevamente publicado por la Editorial 


    Pero ojo a lo que Rodari pensaba de los errores gramaticales: «los errores no están en las palabras, sino en las cosas; hay que corregir los dictados, pero sobre todo hay que corregir el mundo». Y lo dejaba patente en algunos de sus textos de este libro:


        Traducido ahora por  Carlos Mayor, con unas ilustraciones de Chiara Armellini (no muy brillantes, todo hay que decirlo), este libro tuvo en su día una edición en Espasa Calpe, en la colección Austral, con la traducción de Mario Merlino, que también tradujera la Gramática de la Fantasía y fuera un enamorado de toda la obra del italiano. Tan compleja es la traducción de este libro y tan notable la labor del traductor, que la editorial lo reconocía en la cubierta (algo sorprendente sin duda).


        El error puede producirse también en las ilustraciones y también se puede conseguir un efecto fantástico por el imposible que representan. En el libro “Historias del Mar”, se incluía el cuento "Marea Negra" donde las sirenas mandaban a los tritones a recoger un vertido de petróleo que amenazaba a flora y fauna de la zona. Yo había pensado en tritones como seres mitológicos, mitad hombre y mitad pez; la ilustradora pensó en los anfibios, aunque fueran animales de agua dulce, y así los dibujó. Y así quedó la historia:









domingo, 1 de noviembre de 2020

Rodari 3: Qué pasaría si...

    Tercera entrega. Recordemos que hemos hecho una presentación, vimos “la piedra en el estanque” y luego "el binomio fantástico". Y ahora tenemos un nuevo apunte biográfico


Y una nueva técnica


   Aquí Rodari nos invita a que lancemos hipótesis que pueden parecer extrañas, descabelladas, tontas, y que tiremos de ellas porque siempre nos llevarán a algo. Y nos pone como ejemplo el “qué pasaría si un hombre se despertara un día convertido en cucaracha”, aunque esto ya lo había desarrollado Kafka en “La metamorfosis”, claro.

         En este capítulo nos habla de que su padre es panadero, y también de cómo nació el famoso cuento del libro “Cuentos escritos a máquina”, donde un cocodrilo se presenta a un concurso de televisión, una idea que surgió en una clase con alumnos (“qué pasaría si un cocodrilo se presentase a Pasapalabra”, por ejemplo).


        Se trata de unir un sujeto y un predicado en forma de hipótesis, colocar un personaje alrededor del cual hacernos preguntas y el cuento irá fluyendo de forma fantástica.

        Por eso, cuando Rodari unió “sombreros” y “llover”, pensó en qué ocurriría si un día lloviesen sombreros y escribió: “Cuando en Milán llovieron sombreros”, que fue cubierta de sus famosos “Cuentos para jugar”.


    Trabajando con las figuras del teatro de sombras, me encuentro con un saxofonista y me pregunto ¿qué pasaría si el saxofón fuese mudo? A partir de aquí hay que hacerse preguntas, ponerse en distintas situaciones y dejar que… el saxo suene. Así fue como escribí la historia de CASIMIRO CAMISÓN. Para leerla con comodidad, mejor picar en las imágenes.







Añadir título












Rodari 2: El binomio fantástico

    Después de la entrada Rodari 1 con “la piedra en el estanque”, y de la entrada de presentación, vamos con una nueva reseña biográfica

Y una nueva estrategia:


    Sin duda es la dinámica clave para crear historias fantásticas, es la herramienta más poderosa del superhéroe Rodari. Básicamente se trata de unir dos palabras tomadas al azar con preposiciones, conjunciones  y artículos de tal manera que aparezcan combinaciones descabelladas que nos lleven a una historia fantástica.

    A ver qué podría pasar con Tarro y con Ruido (la segunda ha surgido por el fuerte sonido de la r de la primera, ha venido como piedra en…):


Un tarro lleno de arroz salió rodando por encima de los guijarros de un riachuelo, repiqueteando con mucho ruido. Las ranas arropaban a sus renacuajos, los gorriones reían desde las ramas y una urraca rogaba que el tarro se rompiera y así poder robar el arroz.

Pero rápidamente un  ruiseñor rodeó al tarro con un vuelo raso y lo arrastró hasta una roca marrón.  Allí estaba Ramón, un niño rubio con un jersey rojo y una gorra rosa que agarró  el tarro y lo amarró con una cuerda alrededor de la tapa. Su perro Roque corría y ladraba.

De repente, el tarro se rompió, el arroz se derramó y Ramón y Roque corrieron a casa.

    El cuento, como fantástico, ha quedado poco lucido, solo que el sonido fuerte de la erre lo ha hecho ruidoso, pero muy divertido si lo leemos “en chino”, es decir, cambiando la erre fuerte por la ele.

***

    Una técnica para sacar binomios, puede ser con una pizarrita de dos caras. Alguien escribe una palabra por un lado y otra persona una segunda palabra por el otro sin haber visto la primera.  Ya tenemos el germen, ahora que salte la chispa. Si no se está habituado, podemos facilitar las cosas escribiendo por un lado un personaje (un animal da mucho juego) y por el otro un aparato y ya solo hay que unir ambas palabras.

    A ver este binomio: Araña / Coche


Una araña vivía en un coche desde que salió de la fábrica. Era un coche de octava mano, porque había tenido ocho dueños distintos, como patas tiene la araña, y a todos los había conocido. 

    Aquí se podría empezar a hablar de cada uno, pero las historias se separarían del binomio que las había generado… probablemente.


El coche estaba aparcado en el garaje. A oscuras. En silencio. Polvoriento. Aburrido. Entumecido. Añorando carreteras… Hacía mucho que lo habían olvidado. Casi no se acordaba de cómo se cambiaban las marchas.

De pronto, sintió un cosquilleo en su capó. Algo se acercaba hacia su parabrisas: ¡una araña!, ¡qué miedo!

¿Por qué había pensado lo del miedo, si a él no le asustaba ninguno de los bichitos? ¡Ah, ya! Por aquel escándalo que se montó el día que Pablito encontró una araña en el asiento de atrás. 

La última vez que vio a Pablito, era ya todo un Pablo que entró en el garaje a por una llave inglesa y ni lo saludó. ¡Ay que ver, con la de sitios a los que lo había llevado conducido por su padre!

La cosa es que la araña ya estaba frente al cristal y se alisaba unos pelitos de la cabeza mirándose en el reflejo. El coche saludó a la araña que dio un salto de ocho patas. Cuando volvió a aterrizar, ya repuesta del susto, saludó también al coche, porque los sobresaltos no deben hacernos olvidar la buena educación. 

Y comenzaron una conversación donde el coche le contaba las ganas de volver a viajar y la araña le decía que nunca había viajado y que también le gustaría conocer sitios nuevos.

“Pero ¿cómo podríamos salir de aquí?”, preguntó el coche. “Yo puedo trepar hasta el botón que abre la puerta del garaje”, le contestó la araña.

Y así lo hicieron. Mientras el coche se ponía en marcha, se revisaba el volante y los amortiguadores, comprobaba el buen nivel de gasolina y ponía a cero el cuentakilómetros, la araña trepó por la pared hasta el techo y se colocó sobre el botón. Y, con todas las  fuerzas de sus musculosas ocho patas, pulsó, y escuchó el ruido que hacía la puerta al empezar a abrirse.

Al poco, la araña se había metido dentro del coche por una ventanilla que le había abierto su amigo y ambos comenzaron un emocionante y divertido viaje.


Doña Patas, la más antigua araña del jardín, se bajó de su telaraña, se montó en su coche y se dedicó a visitar a los vecinos y las vecinas que la habían llamado por algún problema.

Los años vividos le habían enseñado un montón de cosas porque siempre había estado atenta a todo lo que pasaba a su alrededor, para eso tenía tantos ojos. Y además había aprendido a hacer varias cosas a la vez, para eso tenía tantas patas.

Su coche, el “arañocoche”, estaba equipado con todo tipo de herramientas y utensilios. Así, cuando llegó a casa de la mariquita, sacó martillo y clavos y cuerdas, pintura y brocha, aguja e hilo, un abanico y un refresco con su cañita. 

Y es que su “arañocoche” tenía un baúl de reparaciones, un costurero, la caja de pintora, los materiales para escribir, un kit de fontanería rápida, un aparato para ordeñar pulgones, una maza revientapiedras, unos instrumentos musicales para afinar el canto de los grillos, materiales de electricidad por si la luciérnaga se quedaba sin luz,… todo un coche especial para una araña especial.

Pues allí que entró en la casa de la mariquita. 

Con dos patas, martillo, clavos y cuerdas hacía una cerca para las mariquitas pequeñas recién nacidas, no fueran a caerse de la hoja grande en la que siempre vivió su mamá. Con dos patas, pintura y brocha, fue pintándole las manchas a todas las crías, que habían nacido lisas para disgusto de su madre. Con dos patas, aguja e hilo de seda, del que ella producía, reparó una esquinita de la hoja grande que se había roto por la fuerza de las lluvias pasadas. Con una pata se abanicaba y con la otra se bebía un refresco que se tenía más que merecido.

Cuando terminó, recogió todo, subió a su “arañocoche” y emprendió camino a las tareas que le esperaban en casa del saltamontes.

***


    Vamos a completar esta entrada recomendando el libro “El secreto del abuelo”, escrito con mucho Rodari por Carles Cano. Un abuelo inventa historias para sus nietos utilizando objetos que coge al azar. Cuando los niños le preguntan que cómo se inventa las historias, él les cuenta que asistió a unos talleres en los que practicaron “el binomio fantástico” de Rodari. Un libro con mucho encanto donde las ilustraciones de Federico Delicado lo elevan a un libro delicioso. Está en la colección El Duende Verde de la editorial Anaya.


sábado, 31 de octubre de 2020

Rodari 1: La piedra en el estanque

Una vez hecha la presentación de estas entregas, por la celebración del centenario del nacimiento de Rodari en la entrada anterior, vamos a encontrarnos  con un primer apunte biográfico del autor 


y una primera estrategia:


    En “La piedra en el estanque” el autor nos recuerda qué ocurre cuando tiramos una piedra al agua, y es que se producen ondas. Igual si soltamos una palabra al aire y esta nos recuerda a otras, por su sonido o por su significado, o vete tú a saber por qué asociación de ideas. A partir de esas “ondas” que se producen, podemos inventar una historia.

    Vamos a tirar al estanque la palabra mano. Nos puede traer a la cabeza manopla, y manillar,… incluso Manolo, por aquello de cómo comienza la palabra.
Por el sonido nos podría haber llevado a cano, sano, verano… o “rano”.

Con esto podríamos tener algo así como:
  

Manolo salió temprano como todos los días, a dar una vuelta con su bicicleta. Ya era bastante mayor, como se podía ver por sus canas y las arrugas alrededor de sus ojos y su boca. Pero se encontraba muy bien de salud y estaba dispuesto a aprovechar todas las mañanas de este luminoso verano.

        Hasta aquí el cuento dice poco como fantasía, por lo que tendremos que echar mano de la última palabra que nos salió:

Tras un rato pedaleando, se paró para tomar un poco de aire y un sorbo de agua cuando de pronto oyó una piedra que le saludaba… ¿una piedra? ¡No, en realidad era un sapo!

   -Un sapo, no. En realidad soy un rano –dijo el rano.


    A partir de aquí (donde el rano recuerda a Plop, el búho con miedo a la oscuridad),  ya podemos fantasear: es un príncipe encantado, es un rano que fue a la Universidad, es un duende transformado para ponerle una prueba a Manolo…

***

También podríamos haber tirado la piedra letra a letra, como acróstico, a ver qué sale:

Murciélago

Aceite

Noche

Ostra

Murciélago ha generado la palabra noche y podríamos pensar que era de los que comen frutas y se iba a preparar una ensalada de manzanas para lo que necesitaba algo de aceite… Sin embargo la palabra ostra no se ve muy claro si echarla a la ensalada o no.

Maíz

Arcón

Nata

Olvido

La ensalada de antes ha traído el maíz y tal vez la nata, pero sigue sin tomar un cuerpo fluido para un cuento. Intentemos meter algún verbo, algún adjetivo,…

Montón

Animales

Navegan

Oscuro

Claramente nos surge sujeto y predicado y podemos tirar de ello haciéndonos preguntas: ¿qué animales?, ¿por qué navegan?, ¿por qué por la noche?, ¿cómo es el barco?, ¿de dónde ha salido?,… así nos ira surgiendo una historia que podría ser:

          


        El incendio estaba siendo terrible. En la oscuridad de la noche, las llamas dibujaban la devastación, la madera crepitando ponía una dramática música de fondo, y el viento alimentaba el dolor del bosque ardiendo.

         Los poco animales que habían podido llegar al río, tosiendo por el humo y llenos de cenizas, se pararon a tomar aire y pensar qué podían hacer.

    -Mirad, por ahí viene un tronco enorme flotando río abajo –dijo la ardilla señalando a un gigantesco roble que, quemado por su base, había caído al agua y ahora era arrastrado por la corriente.

       La liebre dio un salto agarrando al lagarto por la cola y aterrizó en el árbol salvavidas. Les siguieron un tejón de la mano de la ardilla, un zorrillo con un torpe búho, cegado por la luz del fuego y montado en su lomo, y una urraca que revoloteó la última hacia el improvisado barco.

           Así los siete, agarrados a las arrugas de la corteza del árbol comenzaron a navegar cuando, de pronto, una curva en el curso del río desvió el camino entrando en una gruta oscura de la que no podían salir ya que algo impedía que el agua siguiera adelante.


        La gruta estaba cada vez más llena de agua. Los animales estaban aún más asustados que con el fuego. La urraca voló hacia la entrada que habían dejado atrás para buscar alguna ayuda y encontró a los mejores rescatadores para ese momento: una pareja de castores, pero… ¿les daría tiempo a desatascar la salida de la gruta o antes llegaría el humo del incendio, o el propio fuego, o el nivel del agua subiría hasta ahogar a los animales?




        Bueno, la “mano” nos ha llevado hasta una historia que de una situación mala ha pasado a otra peor. Sin embargo “se ve luz al final del túnel”, nunca mejor dicho, y seguro que la acabaríamos de manera feliz, aunque el bosque tardará mucho en recuperarse.

(Las ilustraciones han sido tomadas de Internet sin que apareciera registro de autoría en ningún caso)

 

 

100 años de Rodari, 100

 


    El 23 de octubre se cumplían los 100 años del nacimiento de Giovanni Rodari, conocido por todos como Gianni Rodari.

             A lo largo de cinco días (del 19 de octubre al 23) he grabado unos vídeos en colaboración con la Librería Plastilina para celebrar este importantísimo aniversario.

Así he ido dando pequeños datos biográficos, he reseñado algunas de las estrategias de su gramática y he recomendado algún libro donde viéramos el fruto de trabajar con alguna de esas técnicas.

Ha sido un trabajo placentero y me merece la pena recogerlo aquí siendo un buen motivo para volver a ponerle las pilas a este blog.



LA GRAMÁTICA DE LA FANTASÍA

Rodari recogió sus técnicas de fabulación en un libro que en castellano se llama “Gramática de la Fantasía. Introducción al arte de inventar historias” (muy modesto por su parte con lo de “Introducción”).

Afortunadamente cayó en mis manos cuando empecé a trabajar como maestro y me ha acompañado hasta mi jubilación. Espero haber honrado su filosofía y dado buen uso a sus propuestas. 


    Después de muchas reediciones que han quedado en el camino, la editorial gallega Kalandraka nos trae una nueva edición que tenemos que aplaudir porque es un libro que debe seguir acompañando a los docentes y a todos los mediadores entre niños y libros o, mejor aún, entre niños y su formación, por lo que estaría de lujo que padres y madres comprometidos lo tengan, lean y practiquen con sus hijos e hijas.



Y empezamos con las sesiones que, al grabarlas después, irán apareciendo antes al entrar en el blog. 

Para empaparse bien de la vida y la obra de Gianni Rodari, el blog de Ana Garralón, “Anatarambana”, nos propone distintas visitas a otros tantos artículos, incluido uno de la propia autora. Picar aquí.